Que los títulos en verso no resten seriedad al tema de hoy. Creo que queda muy clara la concepción, todavía ancestral, del poder real, presidencial o imperial, que tanto montaba.
A tener en cuenta que esto sucedía en fecha tan próxima a nosotros como 1.870, ya que Napoleón III no cayó por un rebelión a las que París tenía acostumbrada a la Historia, sino por caer prisionero a manos de ... ¡maldición!, ya vuelvo a servirme de mi conocimiento del guión para hablar más de la cuenta.
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