Era el mundo antiguo un mundo de desigualdades escandalosas, sangrantes, para nuestra moderna mentalidad. Para los contemporáneos, era lo habitual, lo de siempre, el mundo era así, siempre lo había sido.
La guerra, una constante amenaza. Casi no había generación que no sufriera al menos una, posiblemente más de una. Casi no había familia sin bajas por guerra.
Eran escasas las familias sin épocas de vacas flacas. Para muchas, las vacas siempre lucían así.
Claro que lo vistoso, lo que aparece en los libros de Historia, son los objetos más llamativos de los poderosos, de los reyes, de los que amasaban inmensas fortunas, de los pocos afortunados, de la élite superior. No esforzamos aquí por entrar en la vida de los más, de los desheredados de la Fortuna.
Y hoy nos toca hablar de su salud.
Comentarios