Hoy nos despedimos de otro de mis pintores favoritos. Ruego al lector que me disculpe si me entusiasmé demasiado y colmé su paciencia. Ya me quedan pocos.
Renoir conoció la fama en vida, pero, quizás, se le regateó tal cosa demasiado y las mieles llegaron cuando el pintor tenía ya problemas en otros campos, el campo de la salud y el de la guerra, que se cobró tributo con sus hijos. Renoir llevaba un diario y se escribía con personas cercanas que guardaron sus cartas. Gracias a ello conocemos mucho de su sentir interior.
Muchas más cosas podría contar, pero temo volverme pesado, así que cerraré hoy un capítulo muy querido.
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